La intensidad del deseo puede llegar a ser tan fuerte que muchas veces se hace parte de nuestra vida, mientras que la decepcionante realidad es algo que el corazón deja de lado para evitar salir herido, para evitar sentir dolor, hoy deseo estar contigo, hoy deseo compartir mi vida contigo, hoy simplemente deseo ser parte de ti.
De pronto una lagrima cae y solo el recuerdo de lo que alguna vez nos prometimos puede detener el profundo dolor que solo me trae a la mente cosas que prefiero tan solo olvidar, sentir que cada día que pasa es sinónimo del miedo que tengo de perderte, de saber que es posible que los deseos simplemente queden en eso... en deseos, fragmentos tácitos que solo son bonitos recuerdos, pero que ya no podre experimentar vivir.
Tengo miedo, podré recuperar la confianza y vivir nuevamente sin temer entregarme, sin temor de experimentar, tendré la oportunidad de querer libremente, de sentir el cariño cuando aparezcas, de besar tus labios para que me trasmitan sinceridad, recostarme sobre un cálido corazón, creo en Dios y simplemente se que será así, soy un ser humano y es lógico tener miedo, pero cuando uno tiene fe, no hay nada imposible y hasta un deseo puede llegar a ser la misma realidad.